Ante los medios de comunicación, el Presidente Nacional de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), Luis Méndez Jaled, presentó un reporte sobre la escasez de agua potable en México, destacando que es un problema de gran relevancia y que requiere soluciones urgentes. En el informe, sugirió acciones para combatir esta crisis, la cual ha ganado visibilidad en el debate público y digital, con más de 550 mil publicaciones en redes sociales en el último mes.
Las conversaciones digitales sobre la escasez de agua han aumentado, reflejando un creciente reconocimiento de la dificultad vivida. Términos como "escasez", "sequía", "contaminación" y "crisis" son cada vez más frecuentes, y los medios de comunicación reportan un incremento en las protestas y conflictos sociales por el acceso al agua. Este escenario muestra la importancia de que la industria de la construcción tome medidas para garantizar un suministro suficiente y de calidad. Méndez Jaled subrayó que es una responsabilidad de la industria de la construcción actuar ante este reto.
DATOS SOBRE LA CRISIS
El líder de la construcción expuso que, entre las causas de esta escasez de agua, destaca el crecimiento de la población, la urbanización, la sobre-explotación de recursos hídricos, la contaminación de cuencas, de mantos acuíferos y los efectos del cambio climático que se manifiestan con sequías cada vez más severas y prolongadas, así como tormentas e inundaciones devastadoras.
En el caso de México, apuntó que el reto hídrico es de enormes proporciones. “A nivel nacional, solo el 58% de la población tiene agua diariamente en su domicilio. Aproximadamente 6 millones de personas carecen de acceso al vital líquido y 11 millones, de acceso al saneamiento. Además, de los 653 acuíferos del territorio, 157 ya están sobreexplotados”.
“Más del 40% del agua se pierde en los sistemas municipales de distribución, en la agricultura de riego persisten pérdidas de agua de entre 40% y 60%. Hoy el 58% de las presas mexicanas registran un nivel de almacenamiento inferior al 50%, es decir, seis de cada 10 presas así lo manifiestan. Asimismo, más del 70% del territorio nacional presenta un grado de presión hídrica ya sea alto o muy alto. Zonas como el Valle de México presentan un estrés hídrico de un 140%, o sea, que extraemos mucha más agua de la que se recarga, exponiendo peligrosamente las reservas para el futuro”, expresó.
Destacó que, con base en información de la Conagua, al cierre de marzo de 2024, más de 10 entidades federativas presentaban un grado severo, extremo, excepcional de presión hídrica superior al 40%. “Esto ocurre principalmente en el norte y centro del país que ocupa casi el 80% del territorio nacional, donde igualmente habita el 77% de la población y en donde se genera aproximadamente el 80% del PIB, perdiéndose en esa área el 33% solamente de agua renovable”.
Explicó, que, en el caso del Sureste, que cuenta con aproximadamente un 70% del agua renovable de México, ocupando un 22% del territorio, habita el 23% de la población y se genera aproximadamente un 17% del PIB.
INVERSIÓN
Luis Méndez Jaled reconoció que después de que la inversión hídrica federal registró mínimos en 2020, a partir del 2021 ésta ha venido creciendo, destinándose prioritariamente a las regiones con mayores necesidades. “Sin embargo, a pesar de los avances estratégicos, el agua significará serios problemas y riesgos para temas como la salud de la población, la seguridad alimentaria y la seguridad energética, pues entre el 20% y el 22% de la energía es de origen hídrico, por tanto, están en riesgo también la atracción de inversiones, el crecimiento económico, la economía familiar y la protección de los ecosistemas”. Explicó que la disponibilidad del agua es uno de los factores necesarios para aprovechar grandes retos como el Nearshoring y en estados con mayor atracción de inversiones o mayor dinamismo económico, hay mayores niveles de estrés hídrico.
PROPUESTAS DE LA CMIC
Ante este panorama, la CMIC presentó una serie de propuestas para abordar el delicado tema del agua en México. En primer lugar, sugieren despolitizar el tema, buscando un enfoque que no se vea afectado por diferencias partidistas. En segundo lugar, fortalecer la Comisión Nacional del Agua (Conagua), elevando su rango a Secretaría de Estado y dándole un marco jurídico sólido que le permita actuar con mayor capacidad y eficiencia.
En tercer lugar, duplicar los recursos para infraestructura hídrica a partir de 2025, con el objetivo de asignar alrededor de 90 mil millones de pesos al año, casi triplicando lo que se ha invertido en los últimos seis años. De esta manera, se podrían desarrollar proyectos clave en regiones con alto estrés hídrico, como el Norte y El Bajío, y también abordar el problema de las inundaciones en zonas urbanas.
La cuarta propuesta se enfoca en priorizar las obras en las regiones donde el agua es más escasa, con la finalidad de prevenir posibles problemas de suministro y fomentar el desarrollo estratégico en esas áreas. Otra, es la incorporación de tecnología avanzada y el aumento del uso de aguas residuales en la agricultura, mediante riego por goteo y otros métodos eficientes. También sugiere impulsar la cultura del agua mediante campañas educativas y de sensibilización.
Finalmente, la CMIC propone diversificar y fortalecer las fuentes de financiamiento para la infraestructura hídrica a través de esquemas financieros transparentes que incluyan la participación del sector público, privado y mixto. Se subraya la importancia de asegurar que estas políticas no perjudiquen a los sectores más vulnerables y reflejen los costos reales del agua.
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