La industria hotelera actual atraviesa tiempos de cambio que van mucho más allá de incorporar inteligencia artificial o construir edificios espectaculares. Para Nadja Borrás, Design Director de Gensler, el verdadero cambio consiste en replantear la forma en que se conciben los espacios, colocando a las personas como el eje de todas las decisiones de diseño. “La pregunta ya no es cómo queremos que se vea un espacio, sino cómo deseamos que se sientan las personas", afirma la arquitecta, convencida de que la experiencia del huésped comienza antes del check-in y permanece incluso después de abandonar el destino. Esta filosofía impulsa el concepto de Hospitalidad Inteligente desarrollado por Gensler, donde datos, tecnología y diseño se integran para anticipar necesidades y crear experiencias más humanas. La inteligencia artificial, el análisis de datos y los sistemas conectados permiten conocer preferencias, adaptar ambientes y personalizar servicios, aunque siempre con el objetivo de mejorar la experiencia sin convertir la tecnología en el centro de atención.
EL NUEVO LUJO
Las tendencias internacionales muestran que el lujo ya no se define por la monumentalidad arquitectónica ni por la cantidad de amenidades disponibles. Hoy los hoteles evolucionan hacia ecosistemas donde descanso, trabajo, gastronomía, bienestar, deporte y convivencia forman parte de una experiencia continua. En ese contexto, habitaciones, iluminación, temperatura y distintos ambientes pueden responder automáticamente a los hábitos de cada visitante, incluso considerando sus ritmos circadianos. Sin embargo, Borrás subraya que la innovación debe mantenerse al servicio del usuario. "La tecnología debe ser prácticamente invisible para el usuario", sostiene.
Por ello, considera indispensable combinar soluciones inteligentes con sistemas híbridos que garanticen la continuidad operativa incluso cuando la tecnología presente alguna falla.
La especialista identifica una tendencia que cobra cada vez mayor fuerza en el sector, de acuerdo con el Design Forecast 2026, "offline is the new luxury". Tras años de hiperconectividad, explica, los viajeros buscan hoteles que les permitan desacelerar, reconectar con la naturaleza y vivir experiencias auténticamente humanas. "El reto del diseño es encontrar el equilibrio entre tecnología y desconexión".
BIENESTAR COMO EXPERIENCIA
Para Gensler, el wellness dejó de ser solamente un espacio de rituales o ejercicios, para convertirse en una estrategia integral que acompaña todo el recorrido del viajero. "Hoy el wellness ya no puede entenderse como un Spa o un gimnasio dentro del hotel. Forma parte de toda la experiencia del viaje y comienza mucho antes del check-in", explica Borrás.
Las investigaciones de la firma, particularmente Designing Emotion Through the Senses in Hospitality, concluyen que el diseño debe responder a una pregunta distinta: ¿cómo hacer sentir a las personas? La respuesta integra: iluminación, sonido, materiales, naturaleza, calidad del aire, ergonomía y confort como un mismo sistema capaz de reducir el estrés y fortalecer la conexión emocional del huésped con el destino.
Desde esa perspectiva, conceptos como la biofilia, la iluminación circadiana y el uso de materiales naturales adquieren una relevancia creciente, mientras gimnasios inteligentes, experiencias de recuperación mediante crioterapia, baños de contraste y tratamientos personalizados comienzan a formar parte de la nueva oferta hotelera.
DISEÑAR EMOCIONES
La arquitecta considera que cada persona experimenta un espacio de manera diferente, por lo que la flexibilidad y la inclusión se han convertido en factores determinantes para el diseño contemporáneo. "La personalización ya no depende únicamente de la tecnología, sino también de la capacidad del espacio para generar tranquilidad, autonomía y una conexión auténtica con el lugar", explica. Por ello, los nuevos proyectos ofrecen distintos niveles de privacidad, iluminación, acústica, circulación y confort, respetando diferencias culturales y sensoriales para que cada huésped pueda construir su propia experiencia. “Las personas suelen sentir un espacio antes de analizarlo racionalmente", añade. En consecuencia, el objetivo consiste en crear ambientes capaces de transmitir calma, seguridad y sentido de pertenencia desde el primer contacto con la propiedad.
WELLNESS QUE GENERA VALOR
La especialista explica que la arquitectura ya no organiza funciones aisladas, sino recorridos continuos capaces de adaptarse a distintas necesidades durante una misma estancia. Un hotel puede convertirse, al mismo tiempo, en un espacio para descansar, trabajar, socializar o recuperarse física y emocionalmente sin perder coherencia en su identidad. Para Borrás, esa flexibilidad permite responder a estilos de vida cada vez más diversos y construir experiencias memorables que trascienden la estancia para fortalecer el vínculo entre el huésped y el destino.
VISIÓN PARA EL FUTURO
Borrás sostiene que uno de los principales desafíos para desarrolladores e inversionistas consiste en entender que el bienestar no representa solamente un gasto adicional. "Es una inversión estratégica", asegura, al destacar que estas soluciones logran la diferenciación de las propiedades, incrementan la eficiencia operativa y favorecen la fidelización del huésped a largo plazo. De cara al futuro, la experta considera que América Latina tiene una oportunidad para fortalecer su competitividad si incorpora el bienestar como parte integral de toda la experiencia del viaje, revitaliza propiedades existentes, apuesta por materiales responsables y encuentra un equilibrio entre innovación, sostenibilidad y autenticidad.
"No diseñamos únicamente espacios, diseñamos experiencias para las personas. Porque, al final, los hoteles que permanecerán en la memoria, serán aquellos capaces de hacer sentir bien a las personas", resume la arquitecta Nadja Borrás.
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